Alfred Jarry su padre Ubú: el teatro de lo absurdo

Quién carajos es Alfred Jarry y su padre Ubú, esta misma pregunta se la deben estar formulando los estudiantes de literatura o amantes de las letras que leen el título de este artículo con tamaña falta ortográfica, seguro dirán. A continuación una breve descripción sobre el Padre Ubú realizada por su creador, Alfred Jarry, de quien más adelante hablaremos en profundidad.

“Ni se trata exactamente del señor Thiers, ni del burgués medio, ni del grosero por antonomasia. Más adecuadamente cabría identificarle con el perfecto anarquista, con lo que impide que nosotros lleguemos nunca a ser el anarquista perfecto, quien, al seguir siendo humano, seguiría haciendo ostentación de cobardía, fealdad, suciedad, etc.”

De esta manera nos queda aún más confusa la idea de quién o qué representa el padre Ubú, lo cierto es que es la obra de teatro más representativa y aclamada de Jarry, se trata pues de una comedia satírica donde se puede encontrar una clara referencia a Macbeth mezclado claro con los excesos de un monarca tan tirano como cobarde y cuya trama se desarrolla bajo situaciones tan ridículas como absurdas, por ello es que esta pieza de Alfred Jarry es considerada la antecesora directa del teatro de lo absurdo.

Asimismo, la obra es una crítica corrosiva contra la autoridad que el autor realiza a través de la llegada al poder del grotesco Padre Ubú, quien junto a su mujer encarnan la corrupción y el despotismo, casi un paradigma de los dictadores del siglo XX.

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La obra se estrenó el 10 de diciembre de 1896, en el Théâtre de L’OeuvreParís. Y es a partir de su estreno que el teatro experimentaría cambios significativos, ya que se renueva tanto la escritura dramática como los conceptos de puesta en escena (hay que mencionar que Jarry elaboró la escenografía, música y vestuario de la obra).

Después de la gran acogida por parte de los vanguardistas, Jarry produce 3 obras más con el mismo personaje: Ubú en la colina, Ubú cornudo y Ubú encadenado. Si bien la figura del autor muy  a menudo es relacionado solamente con la de este personaje, cabe mencionar que desde muy joven fue visto como una promesa de las letras, por ello en su producción literaria podemos encontrar más de una veintena de títulos.

Al leer Ubú Rey nos reiremos durante varios pasajes de la obra y es que el personaje principal, Ubú, al ser instigado por su esposa para hacerse del trono y derrocar al Rey Venceslao inicia un sinfín de atrocidades con sus súbditos así como con los demás encargados públicos. Y si bien a algunos nos puedan causar gracia sus disparatadas frases y acciones, lo cierto es que Jarry supo desarrollar a la perfección esta satírica crítica sobre los gobernantes absolutistas.

Ahora debemos de hablar un poco sobre el creador de Ubú

Alfred Jarry fue hijo de un acomodado comerciante de telas, pero tras el fracaso comercial del negocio de su padre, su madre se marcha a Bretaña junto a sus dos hijos, es allí donde Alfred realiza sus estudios secundarios.

Después regresaría a París para continuar con sus estudios, ingresaría a La Sorbona para cursar estudios de literatura pero no lograría licenciarse. Rápidamente obtiene el éxito literario con sus poemas en verso y su prosa original.

A los veinte años publicó su primera obra. Poco después murió su madre; y a los dos años, su padre, quien le dejó una cuantiosa herencia, lo cual, sumado al éxito temprano de sus obras, le permitió llevar una existencia despreocupada durante buena parte de su vida.

A partir de Ubú rey, Jarry empezó a identificarse con su propio personaje, dando prioridad al placer antes que a la realidad. Adoptó el habla sincopada y pedante de éste y su personalidad. Caminaba siempre por París con un revólver en el cinto (que disparará en varias ocasiones bajo los efectos del alcohol), iba en bicicleta y bebía absenta.

Su economía se va degradando al igual que su salud. A pesar del éxito, se encuentra arruinado y perseguido por sus acreedores, por lo que a partir de 1906 se ve en la necesidad de vivir en casa de su hermana Charlotte, con algunas breves estancias en París. Muere en París el día 1 de noviembre de 1907 de una meningitis tuberculosa, en el Hospital de la Caridad, a los treinta y cuatro años. Antes de morir, al preguntarle sus amigos cuál era su último deseo pidió un mondadientes. Fue enterrado en el cementerio parisino de Bagneux.

Además de haber provocado todo un cambio en lo que al teatro respecta a Jarry le debemos también la invención de la pseudociencia llamada Patafísica. Descrita en su obra póstuma, «Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, patafísico» («Gestes et opinions du Docteur Faustroll, pataphysicien») como «la ciencia de lo que se añade a la metafísica, así sea en ella misma como fuera de ella, extendiéndose más allá de ésta tanto como ella misma se extiende más allá de la física.

Según el texto, la Patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias que acuerda simbólicamente a los lineamientos de los objetos las propiedades de éstos descritas por su virtualidad.» La obra describe las enseñanzas de Faustroll, nacido a los 63 años y pionero en esta ciencia, en la que todo suceso del universo es una excepción. Es a partir de aquí cuando, en 1948, un grupo de intelectuales deciden fundar el Collège de Pataphysique (Colegio de Patafísica), el cual contó con ilustres miembros entre los cuales se encontraban Marcel DuchampMax ErnstRené Clair o Joan Miró entre otros. Y recientemente hace 1 año un peruano fue incluido en dicho colegio, estoy hablando del escritor Rodolfo Ybarra.

Jarry vivió rodeado de numerosos amigos y en sus últimos años contaba con un buen número de jóvenes seguidores, entre los que se contaban Max JacobApollinaireAndré SalmonEnrico Baj y Picasso, quién además adquirió su revólver y acostumbraba a llevarlo por París.

En vida Alfred Jarry fue considerado un excéntrico y el llevar una vida disoluta, digamos que no le jugaba nada a su favor. Pero son sin lugar a dudas los personajes excéntricos y un tanto disparatados quienes han dado grandes aportes a la sociedad.

Por ello, cuando alguien les diga que sus ideas son disparatadas, no los escuchen, la mediocridad de los demás no debe de embarazar sus ideales.

Me retiro con una frase que escribió William Yeats después de presenciar el estreno de Ubú Rey: “Después de nosotros, El Dios Salvaje».

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