B-Movie: lujuria y música en Berlín Occidental 1979-1989

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El pasado 9 de noviembre se conmemoró el 31 Aniversario de la caída del Muro de Berlín. Un hecho histórico que por un lado representaba la ansiada libertad para un grupo de alemanes y por otro lado significaba el fin de la Guerra Fría. El capitalismo o neoliberalismo se había salido con la suya y derrotado —al fin— al comunismo internacional.

Ello representaba el  “fin de la historia” tal como lo había expuesto Francis Fukuyama en su libro del mismo título, del cual muchos años después admitiría “estuvo equivocado”.

Para 1979, Mark Reeder era un joven inglés amante de la música moderna que se venía forjando en ciudades europeas como Manchester, Inglaterra. Sin embargo, este melómano ya estaba “contagiado por los enfermos discos alemanes y sus sintetizadores oscuros”, amaba con devoción a grupos como Neu!, Cosmic Jokers, Kraftwerk y Tangerine Dream.

Es así que toma la decisión de abandonar Manchester para recalar en Berlín, al final de cuentas su ciudad natal “era pobre, fea, sucia y desesperada”. Good bye Manchester, guteng tag Berlín.

En ese entonces, Alemania estaba dividida en 2 partes gracias al Muro de Berlín: República Democrática Alemana —que de democrática no tenía nada— (bloque comunista) y la República Federal de Alemania (bloque capitalista). Al llegar se dio con la sorpresa que “Berlín estaba aún más devastado que Manchester, algunos barrios con rasgos de mayo del 45”.

El documental esta narrado en primera persona por el buen Reeder, quien puso a disposición de los productores todo su material fílmico de aquella época; la cual fue registrada con su cámara de 8 milímetros durante sus paseos diurnos y nocturnos por Berlín.

O en sus palabras, “Berlín era claustrofóbica, había una atmósfera casi surrealista. Era una ciudad fría y austera y se cernía una atmósfera intensa”.

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Aquí no hay recreaciones, todo lo que ven es verídico y sirve como documento de una época durísima que los alemanes tuvieron que afrontar luego de la Segunda Guerra Mundial –como si no hubiera sido suficiente-. Las imágenes filmadas del muro son dignas de cualquier clase de historia para explicar cómo es que tontas diferencias políticas pueden separar a familias por años.

El film nos muestra el inicio de la cultura de “squats” o también llamados “okupas”, una práctica hasta ahora difundida en Alemania. Hace poco uno amigo mío visitó el país y se quedó unas semanas en un edificio ocupado, me indicó que la mayoría cuentan con internet, bibliotecas y están muy bien organizados.

Pero lo más importante aquí es la música y aún más la música made in Germany. Y es que nadie puede negar que los alemanes siempre fueran un revulsivo cuando la música atravesaba su peor momento. Como diría Nietzche: “La vida sin música sería un error”.

Lo más revelador es cuando nuestro protagonista cuenta cómo organizó un concierto en Berlín para sus compatriotas de Joy Division en el Cine Kant, el mismo que “fue un verdadero fracaso con apenas 150 espectadores, pero el grupo tocó de todas maneras”. Otro punto destacado es saber que la canción Komakino es la historia de su experiencia en Berlín.

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En este punto es justo mencionar que los años 80 Berlín fue un foco de atracción para muchos músicos extranjeros, no por nada David Bowie trabajó junto a Brian Eno y otros músicos su llamada Trilogía de Berlín. A ellos se sumaron Iggy Pop, Lou Reed, Nick Cave y demás.

Pero no solo se hace mención a grupos extranjeros, hay testimonios y presentaciones de época de grupos como Malaria!, Einstürzende Neubauten, Ideal, Die ärzte  y más de la llamada “Neue Deutsche Welle”. Demás esta decir que el soundtrack es maravilloso.

Pero como no solo de música vive el hombre,  nuestro narrador recuerda como “Iba al filo en los caminos de la noche, comiendo pasteles espaciales e inhalando “speed” barato”. También nos ofrece una rápida muestra de las diferentes expresiones artísticas de vanguardia de la ciudad como performances, cine o los “geniales diletantes”.

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Otro punto interesante es descubrir el grupo de Reeder, Shark Vegas, el cual obtuvo cierto éxito gracias a un single producido por Bernard Sumner de New Order. Lamentablemente la banda no terminaría de despegar y Reeder pasaría a convertirse en presentador de la televisión inglesa.

¡Claro! No todo podía ser mostrado en televisión y es que “la ciudad te abrumaba con fiestas, drogas, sexo y música. Absolutamente todo y siempre en exceso”. O como diría William Blake: “El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría”.

El documental termina mostrándonos la caída del Muro de Berlín y el avance de la música trance, un género en boga en aquél entonces y que sería calificado como “el futuro”.

Blixa Bargeld diría que “es imposible atrapar la esencia de Berlín en un video”. Y es cierto, Berlín no es lo mismo que hace 40 años, eso es innegable, pero aún mantiene esa actitud de libertad para crear, no por nada sigue atrayendo a cientos de extranjeros.

Solo finalizar quisiera recomendar otras 2 películas que grafican muy bien la oscura época alemana: Good Bye, Lenin! y La Vida de los otros.

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