Billie Holliday: El arte como insurrección de la dignidad

Son muchos quienes han ayudado a plantar un frente indoblegable contra el abuso y la locura de estados y grupos de personas con inhumanidad, porque estos hechos son altamente intolerables. Dentro de estos “muchos” están los que han luchado a través del arte, en la pintura, en artes escénicas, en muchas de sus expresiones, como también, en las letras y en la música.

Una de ellos es Billie Holiday, una mujer afroamericana nacida en Baltimore el 7 de abril de 1915, conocida como “Lady Day”. Ella, una de las máximas intérpretes de Jazz, por su estilo conmovedor e inigualable. Cantaba en lugares lujosos para la clase alta, quienes, a pesar de reconocer el valor de tal artista le negaban usar el mismo baño que ellos.  Si bien es cierto, que tuvo una vida muy dura desde su nacimiento y esto se contempló siempre, ya que fue víctima de violación, del racismo y la indiferencia, Billie tuvo la fortaleza y la valentía de enfrentarse ante un estado opresor que ocultaba sus crímenes de segregación racial.

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Hizo temer a las autoridades de los EE.UU. con el tema Strange Fruit, traducido como Extraños Frutos. Esta canción la escribió el poeta y profesor judío-ruso Abel Meeropol, el cual habla sobre el linchamiento de dos hombres negros, Thomas Shipp y Abram Smith, ambos menores de 20 años. Ellos fueron acusados intencionalmente de robo, asesinato y violación a personas blancas y estando en prisión fueron sacados, maltratados y asesinados por una abominable turba blanca, que gritaban “matad a todos los negros” y los colgaron en un árbol entre risas y miserables celebraciones.

Abel se presentó bajo seudónimo de Lewis Allan, para evitar problemas con las autoridades de ese entonces, y le entregó su poema a Billie y ella lo cantó. Lo cantó, a pesar de que su disquera se lo prohibió, lo cantó a pesar del acoso de los policías que entraban sin reparo alguno a su camerino. Lo hizo a pesar de las crudas amenazas y advertencias que le hicieron. Lo hizo por el recuerdo de la muerte de su padre, ya que murió porque se negaron a atenderlo en el hospital por ser negro.

Sí, ella cantaba esa canción llena de metáforas, dolor y homenaje, porque sabía que era subversiva, porque era su ayuda hacia su gente, y hacia ella misma. Lo hacía para que no acepten el trato que les daban. Era evidente que Billie representaba un peligro para esa sociedad, ya que calaba en su público, y lo hacía mucho más con ese tema, porque apelaba al pensamiento crítico y humano, lo que podría convertirse en una protesta masiva en contra de una nación racista.

“Arboles sureños cargan extraños frutos.

Sangre en las hojas y sangre en la raíz.

Cuerpos negros se balancean a la brisa sureña.

Extraños frutos penden de los tuliperos”.

Es por ello, que los agentes no se detuvieron, ni aun cuando se la sentenció a un año y un día en el Reformatorio Federal para Mujeres en Virginia, como resultado de un dudoso juicio por el uso de drogas, cuando la realidad de esa sentencia fue porque no dejó de cantar Strange Fruit.

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Cuando salió del reformatorio tenía prohibido cantar en clubes, lo que hizo que cayera en la pobreza. Pero jamás se amilanó, aun cuando los agentes de FBI la abucheaban sentados entre su público, tratando de detenerla, de inculparla bajo cualquier acto que les fuere posible retirarla de los escenarios para que no volviera a cantar ese tema. Según su biógrafa, Julia Blackburn, el FBI y demás agentes estuvieron atormentándola hasta el día de su muerte. Pero Billie Holiday murió con dignidad y cantándoles Strange Fruit, esa canción que devora al racismo y profesa la dignidad del ser.

Este año se ha estrenado la película que marca el activismo de Billie Holiday, llamada The United States vs. Billie Holiday o Los Estados Unidos contra Billie Holiday, un film totalmente recomendable.

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