Breves apuntes sobre el miedo (antes del fin)

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Breves apuntes sobre el miedo (antes del fin)

Durante esta cuarentena, más de uno debe haberse sentido protagonista de una película, tal vez como Brad Pitt en Guerra Mundial Z. Cada vez nos acercamos a la característica principal de estos personajes: sobrevivientes. Y es que el miedo, al igual que el covid-19, está inserto en la sociedad y su contagio es igual de veloz que el virus. Tenemos miedo a enfermarnos, miedo a desfallecer en un corredor frío de un hospital hacinado, sin oxígeno y entre pedidos de auxilio. Miedo a que papá, mamá, los hermanos, tus abuelos o un amigo muy querido se vaya sin más.

Mariana Enriquez

Por eso me costó tanto entender a la escritora argentina Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973). Cuando, durante un conversatorio virtual, mencionó que este escenario no configura un estado de terror en sí mismo. Contrariado, recurrí a algunos autores para corroborar esta aseveración, y tal como esperé la respuesta llegó, eso sí, pasadas las dos de la mañana. Enríquez admite sentir miedo a contagiarse, pero ese sentimiento de espanto no transforma la realidad en terrorífica; en palabras suyas, el terror es una textura que cuenta con espesor y levedad.

Las noticias que nos abordan en el desayuno, almuerzo y cena parecen pequeños fragmentos de una novela. 183,198 casos de covid-19 confirmados en el Perú hasta ayer vienes cinco de junio. Unidades de cuidados intensivos colapsadas, la cifra de fallecidos marca cinco mil, venden balones de oxígeno industrial como medicinal; y sin embargo, pese al miedo que nos infunden hechos como estos, el terror está lejos de implantarse en el subconsciente.  Verán, aunque parezcan términos similares, miedo y terror son dos conceptos distintos. El segundo es expresión máxima del primero. Entonces, lo dicho por Enríquez tendría asidero suficiente para aseverar que la sensación de miedo no necesariamente desemboca en un estado terrorífico.

Esta época es resultado de una interrogante planteada lustros atrás: el futuro. Películas como Back to the futureAlien o Terminator tejieron propuestas sobre como la humanidad afrontaría el mañana, el contacto con seres de otros mundos. El 2020 es resultado de esa ficción especulativa que Enríquez señala como una preocupación constante en toda generación. De alguna forma se supo siempre que una desgracia de gran magnitud asolaría a la humanidad. Y esto no es más que la sempiterna obsesión del hombre por conocer el final que le precederá.

La literatura soporta sobre sí estas inquietudes. Michael Crichton (Illinois, 1942), escritor y productor de cine, en su novela Next (2006), plantea una posible extinción de la humanidad en base a la manipulación de genes. Los personajes de esta historia, desde animales transgénicos hasta híbridos de humanos, buscan sobrevivir en un mundo dominado por la genética, similar a la idea planteada en Jurassic Park (1990), pero con una fuerte carga política.

 Stephen King

Acercar la historia al plano de las leyes no hace sino humanizar este futuro distópico al punto de considerarlo posible, una especie de what if…? en la que el hombre continúa siendo su propio verdugo. El ejercicio literario encarna el fin a través del terror, que se sirve de los miedos del hombre para crear escenarios en los que no hay más salida que la muerte. Este el caso del escritor norteamericano Stephen King (Maine, 1947), creador de personajes e historias entrañables como ItEl resplandor o Misery, pues comprendió el miedo a profundidad y demostró que no hay criatura más terrorífica que el hombre. 

Hablar acerca del terror en la obra de este autor sería explayarse tanto como la longitud de la Muralla china, así que tomaré un ejemplo muy cercano a la actual pandemia. El cuento Marejada nocturna, relato perteneciente a la colección de cuentos El umbral de la noche (1978), narra la historia de un grupo de supervivientes de una extraña gripe, conocida como A6, el cual vaga por una playa luego de quemar el cuerpo de un infectado, acto que un inicio concibieron como una broma, pero que termina por convertirse en una oscura realidad.

El miedo en este relato se fundamenta en la soledad, pues los personajes saben que, son los últimos habitantes de la tierra. Vestigios de una civilización acostumbrada a canibalizarse y que ahora, solo aguardan contagiarse y morir. Su único contacto con el mundo que alguna vez los acogió es una vieja radio en la que suenan temas conocidos por ellos, como Angie de los Rolling Stones:

Angie, Angie, when will those clouds all disappear?

Angie, Angie, where will it lead us from here?

With no loving in our souls and no money in our coats

You can’t say we’re satisfied.

Otro punto a destacar es el sentimiento de pérdida que discurre por la historia. Tanto como en El hombre en el castillo, del autor Phillip Dick, o La última noche del mundo, de Ray Bradbury, cuando la historia se sumerge en distopías, el desapego respecto al pasado es una variable inamovible dentro de la concepción del fin. Esto es precisamente el efecto apocalíptico: se destruyen costumbres y modos de vida, para resurgir en un escenario nuevo. Estos pasajes resumen el apocalipsis planteado por King:

Corey había sido rico antes de la A6, pero esos detalles ya no interesaban…

Antes de la A6  esta había sido una playa pública. Turistas, grupos que organizaban picnics, chiquillos con los mocos colgando y abuelas gordas y fláccidas con los hombros quemados por el sol…[] pero ahora la bazofia y la mierda había desaparecido [ ] No había gente que pudiera volver a ensuciar la playa… Tal cual observamos por estos días, las enfermedades no distinguen ni a ricos ni pobres , los garajes, llenos de autos último modelo. Para lo único que se trabaja hoy en día es para comer.

Si algo destaca en King es la maestría que posee para crear escenarios de terror (más allá de su encasillamiento “bestselleriano”) Cada uno de sus cuentos pueden ser leídos como profecías, más aun cuando, hoy en día,  la ficción ha dejado las nebulosas de la imaginación. Sentimos miedo, vivimos en ciudades fantasmas a la luz de las lámparas, esperando que el fin no toque a nuestras puertas. A modo de despedida, Stephen King deja una sentencia que armoniza con esta etapa cuando Bernie, el protagonista del cuento. Ojo a esto, pues también podríamos entablillarlo en un cuadro en la sala o recordarlo cada vez que vayamos a dormir.

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