“Contarlo todo”: la voz narrativa de Jeremías Gamboa

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Contarlo Todo. Un nombre que puede sonar bastante pretencioso si queremos abrir las posibilidades para el título de una novela. Una narrativa de autoficción. De uso constante y que hizo mucho ruido en su lanzamiento hace varios años atrás.

El libro comienza presentando al autor, una persona que, desde su escritorio, el mismo lugar donde dudó tantas veces, comenzaba a escribir. La única historia que podía contar, su vida. Sería muy mezquino resumir todo el libro a: lo quiso y lo hizo. En ejemplos prácticos esto puede ser válido, sin embargo, en estas situaciones, la pepa, la pulpa, la esencia está en el “cómo”. En ese trayecto pedregoso para convertirse en un escritor, periodista en el camino, para un fin no tan claro desde el principio.

CONTARLO TODO

El autor nos comienza a mostrar su alter ego, no será Jeremías Gamboa sino Gabriel Lisboa. No creo que haya sido una dejadez, falta de creatividad, un hecho intencional. Poco a poco el personaje nos muestra que es producto de una familia partida. Su padre desaparece, abandona a su madre y por azares de la vida termina siendo criado por sus tíos. Los tíos Emilio y Laura. Ambos en la medida de lo posible, crían a un personaje que ya va dejando vacíos en varios espacios difíciles de subsanar. Esta vida no solo psicológicamente mala sino también precaria desde un flanco monetario. Lima lúgubre las veinticuatro horas. El chico comienza a vestirse con ropa que el tío iba descansando y con estampados de gaseosas y otros productos.

INFLUENCIA

Un día el tío Emilio llega a casa con la idea de mandarlo a estudiar a la Universidad de Lima. Luego que Gabriel hubiera dejado San Marcos por la interrupción de intervenciones terroristas. Años noventa, este incierto panorama pone en una posición complicada al joven. Con más dudas que respuestas, acepta. No pasa mucho tiempo hasta que se comienza sentir excluido, que no pertenece a ese grupo de chicos que cada verano viaja a Europa mientras él trata de no cruzarse con ninguno de ellos en uno de esos empleos que consigue de forma temporal por las vacaciones de diciembre a marzo.

Entre líneas hay algo que hace cambiar las perspectivas de las cosas. El tío Emilio es un ávido lector de novelas y revistas. Gabriel adopta ese hábito desde los primeros años de convivencia y comienza a soñar en escribir en uno de los semanarios más importantes del país. Todo comienza en sus primeras prácticas de verano en El Proceso, una revista especializada. De mala fama y gente con talento mal pagada. Donde aprende el oficio del periodismo, el hilvanar ideas, concatenar para surgir. Eso lo motiva, aunque le cuesta. Se da cuenta que lo aprendido en la universidad se queda en un salón de clase. Sus primeros escritos no sirven, pero su persistencia hace que las formas se destinen a un mejor contenido.

En sus primeras prácticas en la revista El Proceso conoce a Saúl Vegas (personaje basado en el periodista Raúl Vargas), quien va ser un eje importante en su formación, sobre todo, en lo que espera. En su sueño de convertirse en escritor. Contarlo todo, dice Vegas desde una realidad diferente al periodismo merece dejar muchas cosas atrás, que el no se atrevió por cobardía.

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El acné había vuelto a brotar con más fuerza hasta deformarle la cara. Los cierres hasta altas horas de la noche, el café y las caladas de cigarrillos para sobreponerse a la cantidad de horas lo tenían sobrecogido. Dormido en unos de los muebles de la redacción. El periodismo era su oficio, lo había logrado. Siendo menos consciente había aprendido a buscar las pepas, lo mejor de la información, leer entre líneas. El segundo enfoque a la noticias e información. Pronto se da cuenta que en la universidad hay un grupo casi oculto que existe en el taller de poesía. Donde conoce su gusto por la escritura. Intenta ganar los juegos florales sin éxito. El silencio lo acompaña por mucho tiempo. Un año después en la vitrina de los resultados vería su nombre a lado de las palabras: primer lugar.

AUTOFICCIÓN

Este libro. La narrativa de autoficción es una flama viva. Es cierto, ha sido demasiado usada en la literatura de hoy. Sin embargo, como dije antes, el placer está en el proceso, en esos detalles que te hacen despertar una mañana y quieres ser un personaje. Los problemas tan ciertos, la pobreza, la distinción de clases sociales marcadas en un submundo universitario. Un contraste no solo en el color de piel sino en una educación básica que dista tanto una de la otra. Mientras unos manejan tres idiomas al terminar la escuela, otros, como él, esperan tener el privilegio de poder estudiar otra lengua. La diferencia simple entre el querer y poder.

El trabajo en un nuevo medio de comunicación trata de dejar endeble sus ganas por escribir. Mientras sus colegas trabajan para poder vivir, él trabaja para pagar recibos y el préstamo universitario. Uno cuantos polos de oferta para dejar de usar la ropa con estampado de marca de detergente. Lisboa se detiene a mirar a su alrededor, solo conoce a Montero en la universidad, un joven que, con talento para la poesía, viene y va de su vida. Una luz intermitente que un día no se vuelve a prender más. En adelante, es otra vez él contra el mundo, el silencio y la cabeza gacha. Las mismas ganas de destrozar todo, encerrarse en el baño a llorar y evitar mirarse en el espejo. El dolor también está en verse.

El CONTRASTE

Esta valoración del personaje en sí mismo. Muestra como la sociedad nos tiene sobre un patrón de belleza. Como la ignorancia no sacude por los aires como cometas. Donde el talento y la inteligencia son un bien escaso y mal valorada, en ocasiones. Parece Gabriel Lisboa un personaje tan cercano al suicidio. Estos momentos de depresión con argumentos erizan los vellos de cualquier ser humano. Lo sentido y real que es. Este elemento trasgresor, de sentir como pulsa la realidad en el relato, una narración de largo aliento. Terminar en la levedad del ahogo, sintiendo no querer despertar otro día.

Estos libros en las primeras páginas no dicen nada que pueda sorprender al lector. Son datos y situaciones comunes. Encajaría perfecta aquí la frase “lo mejor está por venir”. Eso es esta novela, un mensaje de golpe tardío. Un tajo a la cara. Fortísimo desde donde se vea. Creo, genuinamente que esta novela de autoficción no es para el lector impaciente, que quiere todo al instante. A la orden del día. Sin embargo, si eres del tipo de lectores que aguardas el momento, esperar a la siguiente puntada. Que no calificas antes de vivir una experiencia completa. Este libro es para ti.

Por otra parte, es injusto no hacer un símil con Mario Vargas Llosa, quien vio en el periodismo un camino para convertirse en escritor. En este caso, Jeremías Gamboa, con menos convicciones, lograr sobreponerse de una sociedad que parece darle la espalda, comenzando por su familia y luego todo lo que lo rodea, lo que parece indescifrable ante sus ojos.

A la mitad del libro. Volvemos al problema inicial, ahora solo existe una vida desordenada, en medio del caos, mayor conocimiento de la calle, de lo duro que es el oficio. Sin embargo, el gozo a la par hace que se sumerja en esta vida bohemia que lo atrapa y lo desliga de su motivación inicial, ser un narrador. Los cigarrillos, los tragos en bares hasta el amanecer y los amigos, que ahora son colegas de otros medios. Ya no es un simple redactor, es editor del semanario en el que siempre soñó escribir. Una historia que hasta aquí ya tomó cuerpo y, al menos, a mí me atrapó tanto como el vicio cliché del café sin azúcar por las mañanas. A estas alturas, como lector, pienso es momento de reescribir el camino del personaje, antes de realmente, Contarlo todo.

CONTARLO TODO (DESDE ADENTRO)

En un viaje al interior del país, luego del fracaso sentimental, la disolución de su grupo de amigos. Experimenta la visualización de lo que quiere hacer, una claridad que no había experimentado en la capital. Luego vacila varios nombres para ese día. «El día de contarlo todo», El día… finalmente llega a la conclusión, Contarlo todo, ese nombre encaja en lo que está comenzando a gestar en su cabeza.

En preciso indicar que esta lectura, claro, contiene más de quinientas páginas y lo vale. Contiene nociones para salir del letargo, del bloqueo del escritor. De esa hoja en blanco que se convierte en el terror de cualquiera que quiere comenzar a contar una historia y no sabe cómo. El final de Contarlo todo no es una vuelta de tuerca, es simple y sencillamente, el descubrimiento de una voz narrativa. El comienzo de un mundo y un lugar en la escritura.

Dato: Pueden encontrar el librio en https://www.megustaleer.com.pe

Sobre Alvaro Sinarahua 29 artículos
Redactor, comunicador y visitador de teatros.

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