Cuento: «Sin cuerpo» de Paula Casazza

El retazo de juicio que lo acechaba se disolvió al precisar la vista en los restos de pólvora acumulada entre los dedos. Las voces alrededor le decían que tirara el arma. Lo hizo desde la posición en la que estaba. No entendió tanto alboroto si estaba allí, sentado en la silla como un esquife varado. Los vecinos habían llamado a la policía después de escuchar el disparo y los ruidos inhabituales de la casa. Cuando entraron, luego de que derribaran la puerta a patadas, se apuntó con la linterna indicándoles que estaba allí, como una figura momificada y confesada en medio de la oscuridad.
— Aquel hombre vino a morir en mi casa — dijo observando los cuencos de los ojos gelatinosos del oficial que lo miraba al mismo tiempo que lo esposaba. Los forenses comenzaron a buscar un cuerpo por todo el diminuto apartamento según el agujero en la pared y las salpicaduras de sangre que parecían haberse adherido a ella. Buscaron pero no encontraron a nadie más aunque el escenario les parecía sugerir que el muerto había escapado.
—Acércate y huele—le indicaron al que recién entraba, (traía guantes de látex). Éste obedeció y se encogió como quién busca un ratón dentro de algún recoveco. Para ese entonces continuaba en la silla pero con las manos esposadas. No pudo ofrecerles la luz de su linterna porque yacía dentro de una bolsa para guardar evidencia.
—No sé cuánto tiempo más podré soportarlo— dijo olfateando en el aire una mezcla de olor a menta y putrefacción. —Intentemos aclarar esto— el investigador se dirigió hacia el detenido queriendo quitarle una confesión de la boca como si estirara una banda elástica. Pero lo cierto es que no tenía nada más que aclarar. <<Aquel hombre vino a morir a mi casa>> repitió. Pero estaban muy lejos de las circunstancias. Pronto olvidaron el olor y apresuraron unas palabras.
—Aquí, sobre su pared, parece que alguien hubiera sido procesado por una licuadora, sus vecinos escucharon un disparo, pero ¿Dónde está la victima? Ya revisamos todo el perímetro y no lo arrojó por la ventana. Lo escucharon discutir con alguien horas antes—El investigador, alto como los jugadores de básquet, insistía señalando las manchas de sangre y el agujero en la pared. Pero nadie había reparado en el empapelado destrozado en el suelo y que a arañazos parecía haber sido arrancado en un ataque de locura.

***


—Supongamos que no lo terminó de matar— dijo el de guantes de látex —no hay nadie herido dentro de la zona ni en los hospitales de cercanía. ¿Puede acaso explicar eso? Se volvió otra vez hacia él aunque su silencio lo sostenía entre la soberbia y la paz absoluta. Prestó atención a lo que decían los forenses, confirmando que la sangre era humana. Pronto llegarían las muestras de laboratorio. <<El supuesto monstruoso delito ya no estaba allí, ¿Por qué no se marchaban de una vez? >> dijo en su interior. <<No están capacitados para entender que ciertas cosas se mudan de sitio, saltan a otra persona y solo dejan un hoyo vacio>> pensó.
Alguien más entró al departamento con un trozo de tela arrancado de un arbusto a unas cuadras de allí. La tela coincidía con la parte faltante de su pijama a la altura de su rodilla. — ¿Será que estuvo persiguiendo a alguien? ¿O el cadáver aquí encogió por la humedad? La naturalidad con que el forense clasificaba el material encontrado le resultó descabellada. << ¿Qué tendría que ver un trozo de pijama?>> Solo estaban hallando alguna relación corpórea con el hecho que había confesado desde que llegaron. <<Somos siervos de la costumbre y prisioneros de una sola perspectiva>> reflexionó
observando que nadie allí presente podía aventurarse en la acuarela artística de tinte sanguínea sobre la pared. << ¿Qué ilógico, cierto?>> apuntó en su cabeza en una media mueca.
Meditaba sobre la lógica tras la titánica insistencia del detective de que hablase. —Otros factores en la atmosfera influyen en la percepción de los hechos — giró todo lo mas que pudo el cuello para mirarlos a los ojos y asegurarse de cómo lo acechaban.
— ¿Según su lógica retorcida del universo, el argumento de su defensa es climatológico? —lo interrumpió el detective con el resto de su pijama dentro de una bolsa, colgando de su dedo índice. Aquel comentario le resultó gracioso. Ciertamente no podían acusarlo de nada. Tenía licencia para el arma y no tenían una víctima. El caso era para ellos un aguacero perecedero. Se alejaron, no mucho debido al reducido lugar y mascullaron entre dientes. La idea de una muerte les pesaba como un enigma, más que como una muerte en sí.
—Mire debajo de la silla— le señaló con el mentón.
— ¡Llamen a los operativos! ¡Cuidado! — todos retrocedieron en cámara lenta. — ¡No hay una bomba, no sean ridículos! — se rió a carcajadas. De todas formas nadie se acercó, nadie se movió hasta que el operativo especial no llegó y confirmaron que no había un explosivo allí. Por lo contrario encontraron en un agujero de la silla donde estaba esposado, un bolso lleno de dinero.
— ¡Hombre!, ¡¡¡vamos!!! a ver si empieza a aclarar todo este asunto— el detective de mentón articulado apresuró unos pasos y se dirigió hacia él, insospechado, incrédulo.

***


—Me mudé aquí hace cuatro meses. Discutía con el encargado hace unas horas porque como sentirán, el olor aquí es insoportable…
—Eso se lo creo.
— Desde entonces no he logrado conciliar el sueño. En vano me acostaba en la cama, inútil intentar lo habitual…¡Ya sabe!, un vaso de soda, salir a correr (de allí el pedazo de piyama), un poco de vino (de aquí caer sobre un arbusto y dejar un pedazo de piyama)…me rondaba en la cabeza lo que murmuraban del “4B”.
— ¿Y qué murmuraban? —preguntó a una distancia simétrica.
— Me alquilaron este basurero, amueblado, por muy poco dinero… su dueño desapareció de la noche a la mañana, eso cuentan. No lo volvieron a ver, dicen que tenía deudas de juego. Lo que pude confirmar al encontrar su libreta de anotaciones en un
recoveco detrás del lavado de manos. ¡Vaya que debía! cuando intentaba combatir el olor
y el insomnio cada noche, me quedaba sentado sobre ésta silla, sin cambiar nada de
lugar, algo….me lo impedía.
—No hizo lo mismo con el empapelado…—el investigador tomó notas. << ¡Al fin alguien notaba el empapelado!>> pensó.
—El insomnio y las madrugadas son los únicos que pueden delatarnos. Me sentaba aquí cada noche contando las manchas, esas formadas por la actividad de los insectos…cuando en un mal movimiento sobre la silla cayó el bolso con el dinero. Y allí fue que vi el agujero en la pared, al que yo mismo le disparé para corroborar mis augurios.
—Tiene buena puntería….los forenses están capacitados para asegurar cuantos disparos hay en una escena. Si son dos, podría avalar su relato…
***—Habrá dos, detective. Imagínese que vienen a matarlo pero usted no lo sabe, solo quiere asegurarse el dinero. Si no jugamos el rol del asesino…
— ¿Está usted diciendo que disparó aquí para resolver un crimen?
—Es un poco simplista, pero si. Para evitar el ruido del disparo un silenciador es la mejor opción. Imaginé que yo lo hacía, tomé mi arma y me dejé llevar por la… ¿Intuición?, sí, intuición. Presumí al anterior inquilino mantener una conversación con quien sería su asesino. Si fuera a disparar lo haría desde éste mismo lugar. Las moscas dejaron materia fecal en la superficie del empapelado, lo que me dio una ligera idea de la ubicación de ambos. ¿Me presta el arma para mostrarle la distancia? — ¡Claro que no! Está arrestado hasta que podamos comprobar su relato. — ¿Pero está usted escuchando? Le digo que aquel hombre vino a morir a mi casa, en medio de la noche. ¡Claro que hay un muerto! Lo había en mi cabeza. ¿Usted nunca sufrió de insomnio? ¡Da igual! Hice todo tal cual lo haría un asesino, ni tan rápido como me lo exigía el cansancio por no dormir, ni tan lento como lo sugería la escena.
¡Arranqué el empapelado! ¡¡¡Y lo vi!!! El patrón de limpieza en una superficie no absorbente. La humedad permitió que el olor no se fuera durante estos meses. Las muestras que tomen de la pared corresponderán con la víctima y habrá huellas. Durante los días siguientes a su desaparición vieron a un hombre entrar y salir. Lleva unos días limpiar y colocar el empapelado… ¿no lo cree?
— ¿Y el muerto? ¿Cómo se supone que lo llevó?
— Siempre que dos objetos entran en contacto transfieren parte de ellos…eso debió usted estudiarlo. Yo soy solo una persona con insomnio. Tienen al asesino en la pared, búsquenlo y encontraran el cadáver. ¿Ahora entiende, como en buenas manos, la muerte es capaz de escapar?

Nací en Buenos Aires, Argentina. Los libros siempre fueron aquel lugar dónde mi cuerpo, alma y mente se fundían entre sí, experimentando el imaginario en medio de mi mundo cotidiano. Les debo ser un refugio para mí. Tengo 36 años y estoy comenzando mis estudios de Licenciatura en Artes de la Escritura, luego de algunos pasos en periodismo. Trabajé en colaboración con una revista de México donde publiqué artículos de Cine y literatura. También en sitios digitales, realizando varias columnas sobre temática actual y de interés general. Fui seleccionada y publicada en antologías de cuentos con otros autores, en libros de formato papel por editorial Dunken. Actualmente me dedico a promocionar a autores independientes y hacer devoluciones de lectura desde mi página https://www.facebook.com/sonrialoestamosleyendo

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