Cultura con respirador artificial (y mucho swing)

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La cultura en el Perú es el feudo de unos cuantos, un sector marginado y visto desde lejos por muchos. En tiempos de Richard Swing y millonarios desembolsos de dinero para comprar aire enlatado, las opiniones del escritor y gestor cultural Paolo Astorga desamarran el corsé de este entrampamiento propiciado por grupos hegemónicos que, a simple vista, pagan favorcitos y gauchaditas.

1. ¿Por qué la cultura es el último vagón dentro del sistema de Gobierno? Básicamente por dos motivos. Primero, no es conveniente a ningún poder y en segundo lugar se requiere aplicar planes a largo plazo. La cultura no es tomada en cuenta porque para adquirirla, expresarla o difundirla se necesita de una sociedad cultivada no solo en lo que respecta a su capital económico sino también, como diría Bourdieu, en su capital simbólico y cultural. La cultura en el Perú es un juego de argollas y muchas veces no se repara en su importancia pues la gran masa de ciudadanos en nuestro país se enfoca más en cómo llevar un plato de comida a casa que un libro o la posibilidad de ir al teatro (cosa que es comprensible). Como diría Denegri, la mayoría vive como “el indigente” que primero debe saciar su hambre para  después pensar, si es que le queda algo de tiempo. 2. ¿Esta pandemia desnudó la realidad que atraviesa el sector cultura y otros estamentos del aparato gubernamental? Sin duda. Por ejemplo, yo como escritor independiente me ganaba la vida dando a conocer mis obras en los poquísimos espacios culturales para la difusión del libro y la lectura, pero hoy eso ya no existe. Como vemos, el sector cultural es casi inexistente pues nunca llegó a masificarse. Lo que se ve hoy no es solo la crisis del sector cultural sino de toda esa ilusión que llamamos “estado del bienestar”. 3. “Hacer las cosas por amor al arte”, ¿equivale a mezquindad? Suena a precarizar aún más la situación del artista. Hoy más que nunca el trabajo artístico debe ser concebido como cualquier otra profesión: con dignidad y sabiendo que es una labor que merece ser remunerada. 4. Como gestor cultural, ¿Qué opinión merece que el sector cultura siga siendo un círculo cerrado? Siempre se mantuvo así. Como les digo a mis amigos cada vez que conversamos sobre el tema, varios escritores peruanos como Vallejo, Mariátegui, Martín Adán, Eguren o Ribeyro fueron grandes poetas y escritores, sin embargo, no podemos negar que sus “relaciones públicas” jugaron un papel clave para que hoy en día sean lo que son. Lo que quiero decir es que no basta con ser talentoso en el mundo cultural. Es triste, pero se requiere de ciertas “varas” para obtener un puesto o que tus obras sean leídas. En la actualidad esto es muy marcado, ya que el artista no es una isla. 5. ¿El trabajo del artista debe ser subvencionado por el Estado? Más que eso, debe dignificarse. Dar un bono a un escritor que vive de sus obras o a un cantante que ya no trabaja no ayuda mucho. En cambio, crear más centros culturales, impulsar la implementación de bibliotecas y propiciar que el arte sea más cercano al pueblo es trascendental. Creo que urge elaborar una verdadera política relativa al artista. En el caso de los escritores, los estímulos económicos para publicar sus obras se da en parte, pero es necesario contar también con un verdadero sistema de distribución del libro. Que existan becas para la escritura y que el producto final de ese proceso, el libro en sí, llegue a las bibliotecas pues en ellas se gestan los núcleos de la cultura. 6. En el caso de Richard Swing, ¿podría decirse que solo cumplió con su trabajo dentro del Ministerio de Cultura? Lo de Richard Swing saltó a la palestra debido al contexto de la pandemia, porque el Ministerio de Cultura, como toda entidad pública, hierve en corrupción, amiguismos y argollas. Richard Swing es el símbolo del “chupamedias”, el “ayayero” que consiguió un puestito en alguna entidad pública gracias a que perteneció al equipo de campaña de tal o cual aspirante al poder. Peor aún, es más doloroso e indignante porque el ministerio permanece indiferente ante esta crisis que vivimos y encima contrata a un personajillo al cual se le da miles de dólares a cambio de humo. Quien sabe, quizá haya otros “Richard Swing” en el Gobierno fuera del sector Cultura. 7. Se dice que existe un doble rasero en el caso Richard Swing, puesto que es un artista peruano que recibe apoyo y hay voces que reclaman precisamente el impulso al trabajo de los artistas nacionales. No, Richard Swing es el símbolo de que no hay ningún filtro meritocrático cuando se contrata en el Ministerio de Cultura. O tal vez si lo haya, en base al estándar “él es nuestro amiguísimo, que trabaje aquí”. 8. La tan mencionada “meritocracia” ¿continúa siendo un escenario ideal en el Perú? Es una utopía y no solo en el ámbito cultural sino en todo el sistema. Ahí tenemos a la Junta Nacional de Justicia convertida en un reverente saludo a la bandera. En un estado donde la corrupción es moneda corriente, la “cacocracia” se ha instaurado como el estándar de medición. En cuestiones culturales, si se pretende ser meritocrático, aquellos que pretendan ser funcionarios del Ministerio de Cultura deben conseguirlo por concurso público, ¡pero incluso hasta en ese proceso se filtraría el amiguismo! Entonces, más allá de la meritocracia, es necesario ejecutar buenas y eficaces políticas culturales, como por ejemplo una eventual “ley del escritor”. 9. ¿Sigue siendo una locura dedicarse a la escritura ya que, en teoría, es una actividad poco redituable en el país? Es una locura, pero de tendencia quijotesca. El compromiso del escritor es con su obra, luego con el sistema y las mejoras de las condiciones del oficio. Lamentablemente, ser escritor independiente en el Perú termina con ser estafado o que nuestros libros se amontonen en casa. Una forma de resistencia ante ello es vender nuestras obras, difundiéndolas de mano en mano, creando así nuestros propios canales de distribución. En todo caso, moriremos en el intento. 10. En el espacio cultural de la feria Amazonas que diriges, intentas dar voz a aquellos artistas que se ven faltos de apoyo y tienen algo que decir. El proyecto que llevamos junto con el escritor y docente Cristian Ramírez tiene un objetivo claro: ser un espacio cultural para el público en general, centrado en la promoción del libro y la lectura. Nuestra meta es que los escritores, sobre todo los nóveles, puedan difundir sus obras y tener contacto con aquellas personas que quizás jamás leyeron nada, pero que al entrar en comunicación con ellos empezaron a leer. La actual crisis sanitaria nos hizo optar por llevar el formato a las redes sociales, a través de transmisiones en vivo de nuestro programa Los sábados culturales. 11. Qué impulsa a Paolo Astorga a seguir creyendo en la cultura, en los libros, en la escritura? La necesidad vital de crear y la responsabilidad de contribuir con la promoción del libro y la lectura. Lo más hermoso es cuando conoces a gente que asegura haberse iniciado en la  lectura cuando tu libro cayó en sus manos o estuvo en Amazonas y se llevó el libro de nuestro autor invitado, animándose a investigar más sobre su obra. 12. Eres docente, ¿he ahí la clave para dar vuelta a esta penosa situación? Efectivamente. Como profesor mi responsabilidad es que los más jóvenes desarrollen una mirada distinta hacia la lectura, sin miedos, límites o estereotipos. Leer debe ser un acto cotidiano y natural. 13. Si pudieses resumir en una frase la cultura en el Perú, ¿cuál sería? “La cultura en el Perú es como un hermoso Ferrari último modelo, pero manejado por un Chofer del Chosicano”.

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