Espíritu del metal: la conformación de la escena metalera peruana 1981-1992

Coincido con José Ignacio López Ramírez Gastón y Giuseppe Risica Carella con eso que en los últimos años ha sido tan fuerte el revival de culturas musicales como el punk o hardcore, que de alguna manera hizo que se perdiera interés por elaborar artículos en prensa o textos académicos sobre la escena metalera peruana.

Es por ello que los arriba mencionados confabularon para elaborar este, el primer libro que trata de explicarnos la conformación del primigenio movimiento –si es que cabe el término- metalero nacional.  Libro que pasaremos a reseñar a continuación.

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Como sus autores aclaran en la introducción; el texto transita en un mundo fronterizo entre la seriedad del estudio y la conversación informal. Aunque sí debo señalar que en algunas partes asoman ciertas explicaciones de corte antropológico, lo cual es válido y necesario cuando se habla de cualquier cultura urbana.

Antecedentes

Un debate eterno dentro del género es definir a las bandas funcionales del heavy metal, muchos académicos se decantan por Led Zepellin y Black Sabbath como fundadores del movimiento; sin embargo, el debate continúa y se exacerba entre los oyentes. 

Para la generación siguiente, otras sonoridades llamadas extremas son las que representarían al metal, es decir, bandas como Metallica, Sepultura, Anthrax o Slayer. Mientras que a las bandas primigenias las definirían como hard rock o un soft rock complaciente.

El mismo debate se ha dado en Perú, donde algunos consideran a Pax y a Tarkus como nuestras primeras bandas de heavy metal, no sin ello haber generado algún conflicto, ya que otros las definen como psicodélicas o simplemente hippies.

Otro debate que se aclara en esta parte del libro es que el metal nacional no representa en el Perú, como en Inglaterra, a la clase trabajadora y desempleada en busca de diversión o escapismo, pero si concuerda con la intención de este movimiento de formar camaradería generacional.

También se hace un importante mención a la banda Up Lapsus, banda que tenía en sus filas a un cantante afroperuano e integrado por amigos de La Victoria, muy influenciados por KISS y AC/DC quienes llegaron a grabar un 45 RPM con Odeon del Perú en 1981 y comentado curiosamente en Discogs como “proto metal with NWOBHM sound”.

Up Lapsus era una banda que solía moverse en barrios populares como Carabayllo y Comas, pero también eran asiduos del local La Caverna, ubicado en el jirón Moquegua, lugar donde justamente después de una de sus presentaciones, prestaron sus instrumentos a unos rockeros jóvenes que hacían su debut bajo el nombre de Leuzemia.

Las tablas de la ley: identidad y metal

Las primeras bandas de metal formadas en los 80, al igual que sus modelos internacionales, buscaban tener una poética propia que sirva como catalizar e identifique ante sus oyentes, es por ello algunos lanzaron temas como “Guerreros del metal” (Orgus), “Guerreros de la muerte” (Hadez, 1988) o simplemente “Guerreros” (Kranium, 1999) ya que se sentían parte de una guerra contra la sociedad que quería imponerle sus buenas costumbres.

Asimismo, dada la situación política y social del Perú en la década del 80, algunas bandas lanzaron temas que hacían mención a la crisis nacional, tal es el caso de Kranium con la canción Castro Castro en clara referencia al penal de San Juan de Lurigancho luego que se hiciera de conocimiento el enfrentamiento entre el Estado y los presos por terrorismo.

Se define entonces que el discurso principal del metal peruano incluye un amplio espectro de temas, que en su mayoría están relacionados con la mística, los mundos de lo sagrada y profano, moral, la metáfora poética, la rebeldía y el caos.

Los subsuelos del underground: el otro rock subterráneo

Los autores aclaran aquí que la música subterránea ha malentendida e identificada erróneamente con los movimientos nacionales del punk rock y el hardcore de los 80; cuando, -como explican en el libro- dicha apropiación del término ha invisibilizado aún más el trabajo de comunidades subterráneas que durante décadas han mantenido una actitud antisistema, no negociable y sin compromisos.

A pesar de compartir escenarios y el circuito underground, las peleas entre metaleros y punks no se hicieron esperar, e incluso se volvería una práctica común –entre algunos- el ir a golpear punks o fastidiarlos en la puerta de la No Helden en el Centro de Lima.

Los miembros de Bandera Negra no se quedarían atrás y agredieron a “metaleros alienados que cantaban en inglés” como a “pitupunks” por existir, en el concierto de Warpath (Chile) en el colegio Reyes Rojos de Barranco, en 1989.

Yo te quiero, yo tampoco: comunidad y marginalidad en el metal peruano

Si en la movida punk de los 80 se propició el –harto conocido- conflicto entre “pitupunks” y “misiopunks”, en el metal no sería la excepción, esto a pesar que dicho movimiento siempre tuvo como factor importante la camaradería y hermandad generacional.

Esto, obviamente, generado por el clasismo limeño innegable que persistía en la época, lo que produjo recelo y continua sospecha sobre la real participación de metaleros en una cultura considerada subterránea por definición.

Primera ola de heavy metal peruano (POHMP)

En este capítulo, se asegura que la primera banda peruana en representar la moderna cultural del Metal de los 80 y servir de transición entre la década anterior y el cimiento del nuevo movimiento es Óxido.

También se asegura que muchas de las bandas iniciales del heavy metal lograron que sus temas se escuchen en radios como 1160, Doble 9 o Súper FM.

Oxido era una banda de garaje formada por jóvenes desadaptados y desencantados de los colegios caros de una Lima clasista y racista en la que no se sentían representados. Cortes venía del Markham y Mosquera del Champagnat.

Otra sorpresa que nos da el libro es saber que Arena Hash empezó tocando heavy, incluso lanzaron la canción “Difamación” en diversas radios.

También resulta incréible descubrir que el político Salvador Heresi, otrora alcalde de San Miguel y congresista de la República, fue vocalista del grupo heavy Overkill.

Y era lógico que no se podía obviar a Masacre, grupo estandarte del heavy metal nacional, que compartió escenarios como banda subtes como Narcosis, Leuzemia o Kaoz.

Épocas extremas: radicalismo y visión global

Muy interesante capítulo donde se narra la aparición de bandas que practicaron sonidos más extremos como el Black Metal, Trash Metal, Death Metal, Speed Metal y otros unificados por el término “extreme metal”.

Aquí desfilan grupos como Hadez, Mortem, Hastur, Kranium, entre otros de ciudades como Arequipa y Ayacucho. De igual manera se explica el método que llevaron a cabo para mantener una comunicación internacional con jóvenes de otros países que venían practicando lo que también se llamó “ultra metal”.

El envió de cartas y demos se volvería una práctica común para entrar en contacto con sellos, fanzines y bandas que compartían su visión del Metal.

Como siempre he dicho, la literatura musical en nuestro país aún es incipiente, es por ello que es digno destacar iniciativas como esta, la cual tiene mayor mérito por tratarse del primer libro que se edita sobre el metal hecho en el Perú. Se trata pues, de una lectura obligada para todo aquél amante del género como interesado de la historia musical del país.

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