Iquitos recupera la esperanza: La solidaridad puede derrotar al coronavirus y otras pandemias

Un sonido terrorífico tronó en mi oído aquella mañana de marzo. Desperté sobresaltada. “Al fin y al cabo, los sueños solo son advertencias”, pensé. “Has escuchado el soplo de la muerte”, me dijo Miluska, una amiga mística. Entonces, el mundo exterior, la realidad, despertó mi atención y mi interés.

A los  días, las noticias sobre el coronavirus invadían las redes. Es posible que se decrete una cuarentena, decían. El lunes 16 de marzo, Martín Vizcarra, el presidente de la República, anunciaba el inicio de la cuarentena. Pese a la información que brindaba el canal del Estado, los amazónicos todavía nos manteníamos incrédulos, pues, cuántas veces sobrevivimos en esta ciudad donde son comunes las infecciones respiratorias, debido al clima tropical. Seguíamos riendo con los chistes de personajes cómicos como La Uchulú y los memes sobre el coronavirus. Al fin y al cabo, podíamos perderlo todo, menos nuestra alegría.

En las ciudades y regiones con altas temperaturas muere ese virus, se comentaba con optimismo. Solo es una guerra geopolítica y de control del mundo entre China y EE. UU., indicaban otros. Pero nosotros nos sentíamos seguros en la Amazonía, sin saber cuán equivocados estábamos, pues no conocíamos mucho o muy poco sobre ese nuevo virus. Supimos la noticia de un enfermo que trabajaba en un albergue turístico de Indiana, cuya familia había dado positivo, y luego siguieron los contagios, pero las calles y las plazas bulliciosas se mantenían juguetonas, desafiando el peligro y a la autoridad. Semanas después, esa chispa de alegría se extinguió. El coronavirus apagó esa chispa, envolvió como un mal aire a la ciudad.

Pese a la información que brindaba el canal del Estado, los amazónicos todavía nos manteníamos incrédulos, pues, cuántas veces sobrevivimos en esta ciudad donde son comunes las infecciones respiratorias, debido al clima tropical.

Las cifras se incrementaban, y las redes sociales presentaban a Iquitos como una ciudad desobediente. No acatan las normas y la orden de la cuarentana, decían. ¿Cómo explicarles que “la soledad de América Latina”, como dice Gabriel García Márquez, se reflejaba en ese abandono del Estado hacia la Amazonía? Principalmente, en el abandono de la salud y la educación. Mientras tanto, las familias empezaban a hablar de una “gripe fuerte”. La mayoría no podía acceder a una prueba de descarte, no había o costaba demasiado. Tampoco tenían la certeza de haberse contagiado de dengue, leptospirosis, zika o algún otro mal prevalente en las regiones tropicales. Hubo un grupo que prefirió ocultar su enfermedad, tal vez para evitar el rechazo, la discriminación o el desprecio, sin presagiar que esa actitud conllevaría a la multiplicación de contagios. El coronavirus puede matar a muchos seres humanos, lo mismo que el lucro y la ambición.

Pero en medio de la desolación y el abandono, surgió una voz de esperanza: el sacerdote de la Parroquia San Martín de Porres, el Padre Raimundo, invocaba a realizar una colecta para comprar una planta de oxígeno. La ciudad se unió al unísono. Se crearon dos grupos de ayuda vía WhatsApp donde coordinaban desde los almuerzos, el arreglo de las camas del hospital Regional, el reclutamiento de voluntarios para construir la planta, la compra de equipos de protección personal, y todos los detalles. En estos grupos compartíamos el clamor de quienes buscaban medicinas y oxígeno, principalmente, así como el sufrimiento y el dolor de los familiares, y nos ayudábamos con la esperanza de que cada uno de los enfermos resistiera. Lloramos a la distancia con cada pérdida y los testimonios de vida. Qué doloroso fue conocer los casos del señor Robert Falcón, de los bomberos que murieron sin poder contar con oxígeno, y de tantas personas que murieron sin ayuda.

Lo alentador fue saber que, bajo la convocatoria del padre Raimundo, se logró reunir más de un millón de soles, demostrando que en medio de gentes y empresas que solo viven para el lucro y la acumulación de riqueza, incluso a costa de la muerte, que también hay seres humanos solidarios y generosos. Y que la Amazonía es capaz de unirse frente a sus problemas, sabiendo que hemos resistido todas las pandemias, de la peste, de la violencia, del olvido, a lo largo de la historia. No por gusto llaman a Loreto la parte rebelde de la patria.

Creo que si algo salvó a la comunidad loretana fue la solidaridad que siempre caracterizó a esta parte del país, así como su cultura y la valiosa medicina tradicional. Hay lecciones que nos urge aprender, entre ellas el valor de la disciplina. Queda, en honor a tantos mártires inmolados, asumir un compromiso con la Amazonía, para que sus hijos e hijas nos unamos a favor de lo más sagrado que representan la salud y la educación en la Amazonía.

El coronavirus puede matar a muchos seres humanos, lo mismo que el lucro y la ambición. Pero lo único que no puede matar es la conciencia, la generosidad y la alegría de vivir de los amazónicos. Iquitos, la Capital Fluvial del mundo, muy pronto recuperara su salud, así como su intangible belleza y alegría.

Escribe Ana Luisa Ríos González

Alvaro Sinarahua

Redactor, comunicador y visitador de teatros.

0 comentarios en «Iquitos recupera la esperanza: La solidaridad puede derrotar al coronavirus y otras pandemias»

  • el 26 de mayo de 2020 a las 11:55 pm
    Enlace permanente

    El lucro y la ambición tiene nombre: EL SISTEMA CAPITALISTA NO PUDO RESOLVER LOS PROBLEMAS PRINCIPALES DE LA HUMANIDAD, la iglesia demostró que aún es una institución poderosa y que la población aún confía en ella pese a estar cuestionada por los casos de violación sexual a menores. La falta de liderazgo, la falta de una organización con bases y la toma de decisiones (iniciativa) también jugaron un rol principal para salvar a Loreto. Defender la planta de oxigeno para salvar vidas es ahora la tarea pendiente.

    Respuesta

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: