La función de la palabra entre literatura y salsa

La salsa empieza en New York, pero luego llega a Latinoamérica para quedarse. Tanto fue su impacto que llegó a influir en la literatura y viceversa. 



Rubén Blades definido por sus palabras; un periodista, cronista de la música. Esto tiene una concepción que se gesta desde el inicio de su carrera, cuando las canciones duraban un poco más de dos minutos. Las radios se negaban a emitir canciones como Pedro Navaja (1979, álbum Siembra). La música se resumía en ser solo entretenimiento, sonido para la planta de los pies. Poner una canción extensa al aire suponía un riesgo, quitarle protagonismo a la publicidad. Asimismo, estaba un rótulo de por medio “las canciones no se hacen para protestar”. Lo que llamó la atención a Blades, cual cantar, hacía de sus letras, crónicas, historias completas, desarrolladas desde un lado humano. Teniendo claro que quería mostrar el reflejo de la cultura popular.

Se negaba a creer que su amigo el escritor, Gabriel García Márquez, hubiera querido escribir, en vida, Pedro Navaja. Gegema como le decía, había mostrado su admiración por esta canción, hecha como crónica.

«Pienso que la música popular también es culta, aunque de una cultura distinta, aun la simple música comercial que no siempre es tan mala como lo dicen los sabios de salón, tiene derecho a llamarse culta, aunque no sea el producto de la misma cultura de Mozart” —  Gabriel García Márquez.

En una de sus conversaciones, Blades le pediría al autor de La hojarasca, escribir algo juntos, este se negaría a razón de nunca terminar. Esto daría pie a que el cantante hiciera una propuesta de escribir y leer un cuento corto, como si fuera una canción, un solo intento, el producto final fue llamado GDBD (Gente despertando bajo dictaduras).

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El escritor mexicano Carlos Fuentes, un curioso eterno, respetaba el trabajo de los salseros. Decía que él tenía que desarrollar una historia en más de doscientas páginas, lo que en una canción se traducía en cinco minutos. Un cuento breve, cantado. Dirigido para un grupo popular con un argumento cultural.

Jairo Varela

El escritor y cantante se formó escuchando la poesía su madre, Teresa Martínez, poeta y educadora, que lo impulsaría a través de su carrera. Salió de su natural Chocó para buscar su suerte musical en Bogotá. Se vería con una realidad discriminadora por su color de piel. Niche lo llamaban, en son de burla, término utilizado en los afrodescendientes de zonas marginales.

En 1967 crea el Grupo Niche, buscando reformular la concepción de esta palabra. Que luego sería sinónimo de alegría, historias y baile. En el año 1995 es encarcelado por supuestos nexos con el narcotráfico. En su celda escribiría treinta canciones y esto se vería reflejado en el álbum «A prueba de fuego» (1997) popularizado por la canción Eres.

El director del Grupo Niche fallece en el año 2012, luego de una carrera disciplinada y metódica. Pero hasta entonces no había publicado el libro que había escrito en el periodo 2007-2010, que vería la luz hasta el 2019 en la Feria Internacional del Libro en Cali (Colombia). Este libro lleva por nombre «El amanecer de los pájaros», en palabras de Varela, es una obra regionalista que explica es desplazamiento de los negros a la ciudad.

Eloy Jaúregui

Periodista, pero antes que periodista, un señor de la crónica. En el Perú no se podría de hablar de crónica (en la actualidad) sin nombrarlo. La crónica es la narración de un hecho novedoso no ficcional. Un cronista debe ser observador para utilizar las técnicas literarias en el periodismo, artefactos como el cuento, la poesía hasta llegar al teatro.

Jaúregui tiene más de veinte libros publicados, en lo que se refleja la cultura popular en cada poro. Las calles de Lima, los ambulantes, sus avenidas abarrotadas, lo común desde un visión de cultura diferente, pero cultura al fin.

En la función de la palabra. Entre la literatura y la cultural popular. Es ahí, donde la salsa suena y da vida a los pies de los bailadores. El cronista peruano es un gustoso de la salsa por lo que representa, asimismo, refiere que cualquier salsero puede hacer un libro por todo lo que ha vivido. Sin embargo, no hay muchos que se sienten horas de horas a escribir y corregir, para hacer un libro.

En el año 2011 publicó el libro «Pa bravo yo: historia de la salsa en el Perú». Donde recopila crónicas sobre cantantes de este son popular. En el 2015 Jaúregui, en una presentación diría este discurso. Sin saber que años después, coincidiría con la propagación del coronavirus.

El puerto de la salsa

La salsa es una bacteria divina y su efecto celestial provoca pandemias, sobre todo, en las personas que viven frente al mar, porque el mar es el límite del placer.

En estas líneas se refiere al primer puerto del Perú, el Callao. Donde se respira salsa. Se baila y se escucha en los barrios, a puerta abierta. Se celebra la amistad e identidad. Un argumento a medias; pero a en Lima de hoy se dice que todo buen «chalaco», como se les dice a los del puerto, debe saber bailar. A esto se le suma otras características, atrevimiento y el buen fútbol. Una pasión que se desprende de una camiseta rosada por el club Sport Boys del Callao. El equipo emblema.

Escritor y periodista Eloy Jaúregui

El mundo, seguirá en su marcha, y la literatura seguirá cerca del son popular. De contar historias, permanecerá en el tiempo, resistirá como el papel. Seguirán escribiéndose novelas y cuentos, crónicas y poemas. Basados en ciudades imposibles, pero siempre, siempre, quedará la esencia de transmitir con las letras, una historia bien contada, que te produzca el aceleramiento del pulso. Identificarte en un pasaje de este; si logra todas o una de las anteriores, de algo sirvió, la escritura de un anónimo, que quizá, nunca conozcas.

Alvaro Sinarahua

Redactor, comunicador y visitador de teatros.

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