Maradona: «El retrato de un antihéroe»

Argentina es nostalgia, es música, es Borges y Cortázar, es fútbol y hoy es llanto. Diego Armando Maradona, “El pelusa”, D10s en la tierra, el “Sueño de barrilete”, que describiera el periodista Horacio Pagani, ha muerto, para dar paso a la leyenda una vez más.

¿Qué decir de Maradona que no se haya dicho hasta ahora? La “Mano de Dios”, la crónica del mejor gol de la historia frente a los ingleses, los excesos (cual rockstar sobre el gramado de juego), la abrupta salida del Mundial del 94, son pasajes que conforman el imaginario en torno al infatigable diez albiceleste. Quizás, podríamos pensar que ya se dijo todo respecto a Diego.



Solo me queda ensayar algunas líneas, desde la óptica de aquel que no vio el auge del diez, pero que reconstruye su imagen en base a esa tradición heredada, a través de videos en baja resolución, de libros, revistas y de la palabra emocionada de mi viejo, quien soñó con ponerle “Diego” a alguno de sus hijos.

El conflicto borgiano

Dentro del campo, Maradona hacía del fútbol un arte, convirtiéndose  de alguna forma en la respuesta por antonomasia a la sentencia que emitiera el escritor Jorge Luis Borges sobre el balompié. Y es que la regla “borgiana” señala que “el fútbol es popular, porque la estupidez también lo es”.

Borges murió un 14 de junio de 1986, ocho días antes que Maradona marcara, ante la escuadra inglesa, el mejor gol que el mundo haya visto jamás. Y para fustigar aún más a la fanaticada futbolera, el escritor argentino señaló que el fútbol era antiestético (“Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos. Mucho más lindas que el fútbol son las riñas de gallos”).

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La jugada de Maradona rompió con esa ley borgiana. Primero porque fue una pincelada deportiva, mezcla de potencia, velocidad y destreza atlética, en las piernas benditas de un jugador avasallado por las sólidas torres inglesas; en segundo lugar, el corazón argentino seguía herido por el conflicto de Las Malvinas, por lo que el gol de Diego fue la reivindicación ante la afrenta británica, casi como robarle la corona a la mismísima reina Isabel II.

Maradona: el antihéroe

Como en la literatura, los antihéroes van en busca de la redención. Ahí tenemos al tierno y descarnado Henry Chinaski, alter ego de Charles Bukowsky, o el hosco Houlden Caulfield de Salinger.  Y aquí llegamos a esa controversia que gira alrededor de Maradona: ¿es posible separar sus proezas en la cancha de su vida personal?

Por ello, bien podríamos considerar a Maradona como un antihéroe del fútbol, alguien que no buscó ser ejemplo pero que, en un mundo conservador e idealizado, se le obligó a ser modelo de las masas. Pero, si algo debemos rescatar, es que Diego Armando Maradona hizo del fútbol su felicidad y de su vida un estandarte de la libertad.

Su filiación política quizá haya sido la mejor prueba de eso. Siendo amigo del fallecido expresidente de Cuba Fidel Castro, nunca escondió sus ideales y la forma de pensar que llevó hasta el final de sus días. Con dos orejas de madera y el pensamiento atornillado en la cabeza, Maradona no sucumbió ante las críticas, antes bien, como dirían en Argentina, “se las bancó”.

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Tal vez por ello, el escritor mexicano Juan Villoro resalta que el personaje de Maradona es inexplicable. Y ya que hablamos de esa escisión entre vida y obra, el mismo Diego, sin saberlo a lo mejor, hizo mención a ello, ante miles de hinchas que abarrotaron la cancha de la Bombonera, en noviembre del 2001: “El fútbol es el deporte más lindo y sano. Porque se equivoque uno, no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha«.

Recordar a Maradona es evocar el buen juego y un grito de rebeldía ante la vida misma; un personaje que bien podría haber llenado las páginas eternas de Borges y de tantos otros que, inspirados por su juego, vieron en el fútbol algo más que dos equipos enfrentados en la cancha y metiendo “guadaña”.

El legado

El fútbol de Maradona inspiró a muchos escritores en la creación de piezas literarias inmortales. El periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano ha dedicado muchos elogios y artículos al astro argentino. Célebre es la  reflexión que hizo respecto al controversial gol de “La Mano de Dios, a la cual también llamó el “Gol pecador”.

Según Galeano, este gol convirtió a Maradona en el “más humano de los dioses”, en una especie de “Gol sucio”, ya que reunió las cualidades más pícaras del ser humano. Ante la partida de Diego, el escritor solo atinó a decir: “Gracias por enseñarme a leer el fútbol”.




Por otra parte tenemos al argentino Hernán Casciari, quien ha dedicado gran parte de sus cuentos al fútbol. Precisamente uno de sus relatos narra el gol a los ingleses, pero desde la perspectiva de los espectadores involucrados, como Jorge Burruchaga.

El cuento, que linda casi con la crónica deportiva, por momentos ensaya contrafácticos, en los que se presentan retazos de que hubiese pasado si, por un momento, Maradona soltaba la pelota hacia los pies de Burruchaga, ¿habría sido gol? Ahora que lo mencionamos, ¿Maradona habría sido “Maradona” sin ese gol?

Y por último, y quizá el cuento más premonitorio (debido a que fue publicado en el 2013) fue “Maradona y su obituario”, del mexicano Juan Villoro; aquí encontramos un repaso por la vida, pasión y muerte del jugador, un día después de su muerte. Es un relato sencillo, pero cargado de esa alma futbolera que vitaliza todo cuento ligado al fútbol.

Las muestras de afecto y admiración por el juego de Maradona rebalsan en las redes sociales y en todos los medios de comunicación. Pero, entre tantas (y de las muchas que seguirán saliendo) me quedo con una:

“La mano de Dios se llevó a Diego.»

Y una parte de nosotros también se fue con él.

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