Milagro en La Habana (o los cuentos de Leonardo Padura)

Cultivar el complejo género del cuento es un trabajo de hormiga. Pocos son los autores que llegan a dominar la técnica, el estilo, el elemento sorpresa que define al relato corto. Recordemos El eclipse de Augusto Monterroso, las peripecias del detective Daniel Hernández —alter ego del inmortal Rodolfo Walsh— o la magia inserta en el vasto universo de Julio Cortázar. Estas piezas llevan un sello distintivo, ya sea porque recogen la herencia del boom latinoamericano o porque significaron un punto de quiebre hacia nuevas formas de experimentación en la narrativa breve.

La colección de cuentos “Aquello estaba deseando ocurrir” (Maxi Tusquest, tercera edición-2019) del escritor cubano Leonardo Padura, la cual reúne toda su producción breve, está forjada precisamente en la fragua de esta tradición. Los trece cuentos que la conforman revelan el germen de la obra del autor: Cuba, la historia, el amor, la nostalgia. Es imposible desligar la producción literaria de Padura del suelo cubano, territorio recurrente de sus historias, pues como el mismo afirma, su estancia voluntaria en Cuba (específicamente en el barrio de Mantilla, en la misma casa donde vivieron su abuelo y su padre) pasa por un sentimiento de pertenencia, el mismo que se hace presente en estas historias.

La mayoría de los personajes en estos cuentos sueñan con Cuba, como es el caso de Mauricio, protagonista del relato “La puerta de Alcalá”, quien busca con desesperación viajar desde Angola a España para asistir a una exposición del artista Diego Velásquez y termina dándose un chasco, pues arriba el día en que el museo cierra sus puertas al público. Sin embargo, el destino lo llevará a encontrarse con Frankie, un viejo amigo de sus años en La Habana y cuya conversación le revela que probablemente Cuba no sea la misma que dejó años atrás. “Los límites del amor” quizá sea el eje central de esa concepción “Paduriana” del escritor que trabaja desde la óptica de la pertenencia. Ernesto, un poeta que reside en Angola, volverá a Cuba después de varios años, luego de haber vivido un tórrido romance con Magaly, cubana también. Durante el transcurso de la historia, Ernesto se debate entre volver a La Habana y ver a su esposa Tania o construir una nueva vida con Magaly, cayendo en el vacío de aquel que busca un lugar donde encajar.

El fraseo característico de los cubanos, la idiosincrasia de sus variopintos personajes, la música (mencionada e insertada en varios de sus cuentos), fumadores empedernidos que deambulan entre las páginas, dotan de identidad propia a la literatura de Padura. Quizá esa comprensión profunda de su país, y la problemática de lo que significa ser cubano a ojos del mundo, hay contribuido a la consolidación de su narrativa como uno de los referentes máximos de la literatura cubana.

En “Nueve noches con violeta del río”, encontramos mezcla de romance, historia, música, bohemia y un estilo sobrio que, lejos de empalagar al lector (como suelen hacerlo las historias amorosas) mella en su emoción como los golpes de un boxeador trasegado. Una bolerista inicia un romance con un joven estudiante en los meses previos a la zafra azucarera de 1968, momento en el cual la cantante desaparece, iniciando así la aventura del protagonista por recuperarla. Este relato demuestra la habilidad del autor en cuanto introducir ciertos temas históricos en el cuento sin caer en el enciclopedismo, pecado común en cuentistas poco diestros en el género. En esto encontramos un vínculo muy cercano con Roberto Bolaño, cuya producción gira también en torno a la historia y la literatura, como elementos de gran valor narrativo.  

Padura también reserva un lugar especial para el humor. Este es el caso del cuento “La muerte feliz de Alborada Almanza”, el cual les aseguro los hará pasar un buen rato y partir de la risa, puesto que en sí, aunque suene redundante, asistimos a una “muerte feliz”, si tal término cabría para adjetivar a la pérdida de un ser amado.

Finalmente, en el cuento “La muerte pendular de Raimundo Manzanero”, hallamos el esbozo del espíritu detectivesco del autor, acaso una idea precursora a lo que sería la serie de novelas protagonizadas por el astuto Mario Conde, personaje emblemática de su universo narrativo. A través de noticias, testimonios, recortes de periódicos (como la técnica del “cut-up” de Burroughs), el lector resolverá el misterio del suicidio del personaje. Cabe mencionar que la historia no fomenta un simple juego, sino que involucra al lector a descifrar el misterio, o bien antes de la última línea o en el punto final de la historia.

Los lectores iniciados, así como los recorridos, reconocerán en Leonardo Padura al cubano más cubano de Cuba y a uno de los portentos literarios más importantes de nuestros tiempos. Aquello estaba deseando ocurrir, realmente, ocurrió.

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