¿Quién mató a Durruti?

El reloj marcaba las 13:15 del 16 de julio de 1925, cuando 5 hombres armados y con antifaces, descendieron de un auto marca Hudson para ingresar a la sucursal Matadero del Banco de Chile, de donde lograrían llevarse entre 30 mil y poco más de 46 mil pesos de la época. Lo cual marcaba un hecho histórico ya que se trataba del primer asalto a un banco en dicho país.

¿Pero quiénes eran estos 5 sujetos que con marcado acento español –según diarios de la época- dejaron 2 empleados bancarios heridos de bala?

En su España natal se hacían llamar Los Solidarios, Los Justicieros, Grupo Crisol y más, pero en América se autodenominaron Los Errantes y en todos ellos, eran liderados por un hombre que pasaría a la historia de anarquismo internacional: Buenaventura Durruti.

Durriti realizó un periplo por América para recaudar fondos que sirvan como apoyo a la causa libertaria en España y Francia. Es así que junto a Ascaso, Jover, García y Fernández visitaron Cuba, México, Perú, Argentina y Chile, donde realizaron golpes y brindaron ayuda a las incipientes organizaciones anarquistas.

La internacionalización

Luego de realizar el sonado atraco en el Banco de Chile, Los Errantes consideraron a bien volver a suelo europeo y establecerse en París, Francia, ya que eran tenazmente buscados por las autoridades de hasta 3 países de América.

Fue en París, donde Durruti conocería y entablaría amistad con el también anarquista y guerrillero ruso, Néstor Makhno, lo cual era de esperarse debido a la similitud ideológica entre ambos personajes.

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Y fue también, en París, donde Durruti, Ascaso y Jover idearon un atentado contra el rey Alfonso  XIII de España, quien visitaría la capital francesa el 14 de julio de 1926. Sin embargo, el hombre que se encargaría de conducir el auto, se vendió a la policía y los anarquistas fueron detenidos sin concretar su plan.

A ellos se les acuso de desacato a la autoridad, falsificación de pasaportes e infracción a la ley de extranjería. Además, se sumaron 2 demandas extradición: una del gobierno argentino y otra del español.

Es aquí donde entra a tallar el abogado Louis Lecoin, quien ya venía defendiendo a los italianos Sacco y Vanzetti, para asumir la defensa de los llamados “tres mosqueteros” españoles. Luego de 1 año de intensa batalla legal, sus patrocinados lograron abandonar la prisión de la Conciergerie y fueron expulsados del país.

Pero al haberse convertido en un caso tan mediático, ningún país quería correr el riesgo de recibir o custodiar a dichos anarquistas. Tanto Bélgica, Luxemburgo y la Unión Soviética se negaron a admitirlos o darles asilo político.

En 1931, tras proclamarse la República de España, se desencadeno un gran alboroto entre los migrantes residentes en Bruselas. Ascaso y Durruti fueron los primeros en partir con destino a Barcelona.

Federica Montseny los describiría de la siguiente manera:

“Ascaso era el más reservado de los tres. Pero así como García Oliver era la fuerza elástica y Durruti representaba el brazo fuerte y la fuerza de voluntad. Ascaso era la mente impávida y penetrante”

La Guerra Civil

Ya en Barcelona, España, y durante 4 años, los afiliados a la CNT y FAI, entre los que estaban nuestros amigos, participarían en una serie de actos de propaganda y resistencia hasta que fueron deportados a Bata, en África.

Por su parte, los trabajadores de Barcelona acataron una serie de huelgas como muestra de protesta contra las deportaciones de sus compañeros; esto hasta que regresaron a España, pero ya nadie los contrataba por el miedo a que se organizaran.

La alemana Madeleine Lehning diría lo siguiente tras conocer a Durruti:

“Era sorprendentemente modesto. Pasaba delante de los policías sin inmutarse. Sin embargo, aclaraba Yo tengo tanto miedo como tú. El miedo y el valor vienen juntos. A veces no sé dónde termina uno y comienza el otro. Conmigo fue siempre muy amable. Los anarquistas nunca trataron con descuido a las mujeres. No eran aficionados a las faldas, al contrario. Siempre pensaban en la revolución.”

Si bien Durruti era ya un personaje mítico y querido por sus colegas y los más necesitados de España; sería hasta la Guerra Civil desencadenada el 17 de julio de 1936, que su figura adoptaría mayor protagonismo y liderazgo. Sin embargo, 3 días después, el 20 de julio, fallecería una pieza clave de aquel triunvirato libertario: Francisco Ascaso.

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En su intento de liquidar a un tirador de Franco que se encontraba posicionado en una ventana, Ascaso recibe una ráfaga de metralleta y luego una bala le da en medio de la frente. Cae y ya no se mueve.

La compañera de Durruti, Émilienne Morin presenció el hecho y lo calificó como un suicidio:

“Presencié de cerca las jornadas de julio en Barcelona. He visto caer a Ascaso, desde el sindicato metalúrgico, en las Ramblas. He visto su cadáver cuando lo recogieron; estaba totalmente acribillado de balas, como un colador”.

Otra muerte que nunca hallaría responsable y sería un completo misterio más de 80 años después, es la de Durruti.

Tras su fallecimiento, surgieron una variedad de teorías y sospechosos de su muerte. Aquí mencionaremos algunas de ellas, las cuales han sido extraídas del libro El corto verano de la anarquía del alemán, H. M. Enzensberger.

Era un 19 de noviembre de 1936, cuando Durruti recibió una bala de procedencia desconocida, que le perforó el pecho, cuando se dirigía a ingresar a la Ciudad Universitaria de Madrid para hacer frente a las tropas falangistas.

Tras caer herido, fue llevado al Hotel Ritz para recibir atención médica. ¿La bala era comunista, falangista o anarquista?

El hospital de las milicias catalanas se había instalado en el Hotel Ritz. Muy pocos sabían la noticia. El doctor Santamaría, un médico anarquista que había venido a Madrid junto a las tropas de Durruti, confirmó que no se le podía salvar la vida a Durruti”

Ariel

“En aquella época no existía una cirugía cardiaca con métodos y técnicas adecuadas. Y les informé a mis colegas que no se podía operar. El doctor Bastos, una eminencia, corroboró mi pronóstico. La bala estaba situada a la altura de la caja torácica, entre la sexta y séptima costilla. Era indudable que el paciente moriría de una hemorragia interna”

Martínez Fraile

“Apenas murió comenzaron a propagarse las mentiras. Que lo había matado los comunistas. A penas se podía contener a los hombres de la columna Durruti. Después se cambió la versión, que no eran los comunistas, sino la propia escolta de Durruti.

Ricardo Rionda Castro

“Al principio no se descartó la posibilidad de que hubiese sido un atentado hábilmente tramado. A favor de esta teoría hablaba la inveterada rivalidad que reinaba entre los distintos partidos y grupos. Con Durruti desaparecía uno de los pocos hombres notorios de la revolución que tenía influencia en las masas”

José Peirats

“Se supone que le dispararon por la espala; se supone que lo asesinaron sus propios hombres, porque estaba a favor de la participación activa de los anarquistas en la guerra y la colaboración con el gobierno de Largo Caballero. Los anarquistas querían una república libertaria ideal; no querían trabajar con los socialistas, los comunistas o los republicanos burgueses”

Louis Fischer

“Al día siguiente corrió el rumor de que Durruti, al querer parar una aterrorizada retirada de sus tropas, fue asesinado por uno de sus hombres. Al confirmarse poco después la trágica noticia, nuestro dolor ante la pérdida de este valeroso oficial y luchador aumentó dadas las circunstancias en que se había producido su muerte”

Enrique Líster

“El chofer de Durruti me contó cómo había ocurrido. Me acompañó a la oficina de Madrid de Solidaridad Obrera, para hablar con tranquilidad. Estábamos en la zona de fuego del enemigo, aparqué el coche en la esquina de uno de los hoteles. Durruti se bajó y se dirigió a los milicianos fugitivos. Les preguntó a dónde iban y no supieron qué contestar. Durruti les increpó duramente con su voz ronca y les ordenó regresar. Durruti se dirigió al coche de nuevo, el fuego de fusilería arreció. Mientras trataba de agarrar la puerta del coche, se desplomó.  Lo habían herido en el pecho”

Ariel

“En realidad nos movemos en un terreno de hipótesis. Solo sé de segunda mano, de Auguste Lecoeur, uno de los hombres más importantes del Partido Comunista Francés, quien dijo con toda franqueza a sus amigos que habían sido los comunistas quienes mataron a Durruti”

Gastón Leval

“Nunca he creído y rechazo enérgicamente la suposición de que Durruti haya sido asesinado por la espalda por su propia escolta. Esta es una mentira infame. Ninguno de sus hombres habría sido capaz de semejante crimen. La mentira de que a Durruti lo mataron los anarquistas la inventaron algunos periodistas e historiadores títeres de los comunistas. Los comunistas hicieron todo lo posible por desacreditar al movimiento anarquista”

Federica Montseny

“Yo sostuve antes la teoría de que Durruti había sido víctima de un atentado. Había llegado a la conclusión porque tenía en mis manos una especie de cuerpo del delito: la camisa. Esta demostraba que el disparo había sido hecho desde muy cerca”

Jaume Miravitlles

“En su equipaje se encontraron los siguientes efectos: ropa interior para una muda, dos pistolas, unos prismáticos y gafas de sol. Este era todo el inventario.”

José Peirats

Otra versión que empezó a correr entre el círculo cercano de Durruti era que su muerte fue un accidente por el manejo de un arma de fuego mientras discutía con uno de sus hombres. Durruti colérico, había golpeado la culata contra el estribo de su coche y provocado el disparo mortal.

“Yo no estaba allí, no le puedo decir nada sobre ello. Pero, por supuesto, no se le podía decir a la gente que había sido un accidente, por la sencilla razón de que nadie lo habría creído. Así que se dijo que había caído en el frente.  Un hombre como Durruti no muere en la cama, claro. Sí, tuve mis dudas. Pero fueron sus amigos, García Oliver y Aurelio Fernández, quienes me dijeron que había sido un accidente. Eran sus compañeros de lucha. ¿Por qué habían de mentirme”

Émilienne Morin

Accidente o atentado, lo cierto es que la desaparición de Buenaventura fue una conmoción para Barcelona. Se dice que más de 100 mil personas invadieron las calles y soportaron la lluvia mientras entonaban el himno “Hijos del Pueblo”. Era tan difícil avanzar que fue imposible llegar al cementerio y en último momento, el sepelio tuvo que aplazarse al día siguiente.

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